El reto de la carrera de Munir

Munir El Haddadi todavía no ha roto a jugar. Es pronto, apenas tiene 22 años y sólo acumula 70 partidos en la élite, pero todavía no ha conseguido dar ese pasó adelante que, por ejemplo, sí dio Sandro Ramírez el año pasado en La Rosaleda. Su problema, en todo caso, no parece relacionado con una cuestión de tiempos, sino de fútbol.
La clave está en esa pequeña gran incompatibilidad que existe entre el perfil de futbolista que parece ser Munir y las condiciones que él tiene para desarrollar dicho rol. El madrileño es un jugador que entiende bien los espacios. Tanto desde dentro a fuera como desde fuera a dentro, Munir lee muy bien este tipo situaciones de juego que implican un ritmo alto, espacios y los defensas corriendo para atrás. Además tiene talento para el disparo, intuición para el remate y, en definitiva, cierto olfato para el gol, lo que le convierte también en un potencial ejecutor muy peligroso. Sin embargo, todo esto no siempre se articula bien. Su físico parece una cosa y luego es otra. Es rápido y bastante ágil, pero no es potente. Sus primeros pasos no marcan diferencias. No eliminan rivales. Y a partir de esta falta de superioridad es donde se comienza a notar que también es muy liviano para ejecutar según qué movimientos. Con balón y sin él.
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Este déficit convierte a Munir El Haddadi en un jugador demasiado dependiente del contexto para desarrollar su mejor fútbol. Éste, en Valencia, no le acompañó en ningún momento. Y ahora, en Vitoria, tampoco parece hacerlo en exceso, pero entre los cambios de De Biasi y su buen nivel quizás haya motivos para la esperanza.
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El entrenador italiano ya ha elegido estilo: el Deportivo Alavés jugará atrás, muy atrás, defendiendo siempre a partir de la línea divisoria y no antes. Un hecho que obviamente determina también la forma de atacar del conjunto babazorro: lo hará al contragolpe y, sobre todo, desde muy lejos. Algo a lo que si añadimos a los pocos hombres que involucra en el ataque (dos por regla general, tres en las jugadas más puntuales, pero nunca más) lo hace muy complicado.
En cambio, como decíamos, Munir está respondido bien. Y el porqué, además de en su buena lectura, se encuentra el nombre propio de las dos figuras que más le acompañan. El que le habilita, el que le encuentra y el que le lanza es Álvaro Medrán. Jugando como mediapunta, no por detrás, De Biasi consigue sumar un centrocampista sin perder un jugador capaz de conectar con el punta. El que le acompaña, el que le asistente y el que le potencia es Alfondo Pedraza.
El canterano del Villarreal, miembro de esta generación Sub-19 de Ceballos o Asensio, está siendo todo lo que necesita Munir para que cada uno de sus toques no se pierda en el infinito. Pedraza es, sobre todo, un muy buen conductor. Virtud que le permite a Munir, que no olvidemos está jugando como hombre más adelantado, desaparecer de la jugada durante veinte metros. Él da salida, encuentra a Pedraza y ya no aparece hasta los últimos dos toques, que están siendo muy buenos a pesar de las duras circunstancias. Porque el Alavés ataca demasiado poco, el que menos de toda La Liga, pero con Pedraza & Munir lo hace bien.