Werner contra el Caos

En el minuto 47 se oyó por televisión “¡Al balón, al balón, al balón!”mientras Alemania manejaba el cuero por la izquierda. Ginter tenía por delante a Hector (solo) y cerca a Rudy (marcado), pero al oir dichas palabras, que venían de Juan Carlos Osorio, Raúl Jiménez dejó de proteger la línea de pase hacia Rudy para ir a presionar directamente al central. El nuevo jugador del Bayern encontró fácil a Hector, éste hizo lo propio con Draxler en una zona intermedia, el del PSG dejó de cara a Rudy y éste, a su vez, volvió a abrir a Hector. En este lapso de apenas cinco/seis segundos dos jugadores mexicanos persiguieron la pelota como el galgo que persigue la libre alrededor del circuito: sabiendo que nunca lo iban a alcanzar. Raúl Jiménez, directamente, dejó de hacerlo tras el primer esfuerzo.
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La jugada, que no acabó ni en ocasión, simboliza incluso mejor que el 2-0 alemán la caótica, agresiva, vehemente e hiperactiva forma de defenderse que ha tenido México durante toda la Confederaciones. Porque los constantes errores no eran errores inexplicables, sino que venían a ser una consecuencia directa del planteamiento de partida. A los riesgos que corría México con balón, desprendiendo muchos jugadores y fomentando el intercambio posicional, le seguía un riesgo todavía mayor en pos de frenar los ataques del rival. En vez de ralentizarlos o contemporizarlos, México quería abortarlos cuanto antes. De ahí que durante toda la Copa, y ayer en especial, se viera constantemente a Jona dos Santos, Néstor Araujo o Miguel Layún llegar siempre tarde. Excesivos tackles, anticipaciones muy arriesgadas, descoordinación entre líneas… La apuesta de

Osorio sin balón no tuvo visos de poder llegar más lejos de lo que llegó.
Sobre todo porque Löw habrá llevado a Rusia un equipo plagado de alternativas, pero también repleto de calidad colectiva e individual para penalizar cualquier sistema defensivo, más si cabe uno como el mexicano. Ante este contexto tan especial, en vez de acumular largas posesiones, la Mannschaft recobró su tradicional Blitzkrieg a lomos de Leon Goretzka para rajar una y otra vez el carril central contrario. Con pocos toques, movimientos sin balón muy largos y definiciones de una calidad brutal, Goretzka recordó a Ballack al mismo tiempo que Alemania recordó su tradicional pegada.
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Y lo hizo de manera coherente. Porque mientras el ciclo de Löw se ha definido por otro tipo de ataques con una eficacia no demasiada alta, en parte porque ha tenido que resolver otro tipo de retos, esta Alemania cuenta con varias armas que necesitan de la velocidad y el espacio que otorga una transición para sobresalir. Y si la encuentran, no perdona. Es el caso del ya mencionado Gorezka, pero también de Stindl, de Draxler y de Timo Werner, el otro gran protagonista de ayer. Atacando el espacio en todas direcciones, midiendo perfectamente los tiempos, hizo hincapié continuamente en los desajustes defensivos entre Héctor Moreno y Néstor Araujo.

El partido dejó la sensación de que para Alemania abrir distancia era una cuestión de tiempo, y que al contar con Goretka y Werner sobre el campo éste iba a ser bastante escaso.