El Dormuntd y El RB Leipzig

La sensación que dejó la victoria del RasenBallsport Leipzig en el Signal Iduna Park, que fue bastante más contundente en el juego que en el resultado, es que los de Ralph Hasenhüttl le hicieron al Borussia Dortmund lo que éste, con Jürgen Klopp, le solía hacer a los rivales.

Fue como situarse ante una foto del pasado. Ante ese espejo cruel que muestra lo que fuiste pero ya no eres. En todo caso, éste no es realmente un problema para Peter Bosz. La base de su modelose cimenta en otras ideas, algunas de ellas vulnerables a ese fútbol que bebe de la fuente de Ralf Rangnick, con lo que el recuerdo del pasado, aunque amargo, también es tramposo. Lo que parece más difícil de asimilar son los problemas que viene padeciendo el equipo una vez la exigencia aumentó. Ante rivales teóricamente inferiores, el conjunto borusser apenas ha recibido dos goles en ocho partidos.
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Pero frente a rivales a priori similares o superiores este dato cambia completamente: el Bayern le metió dos goles en la Supercopa y el Tottenham, el Real Madrid y el propio RB Leipzig le marcaron tres. La diferencia es evidente. También hasta cierto punto natural, por supuesto. Pero nada de esto evita señalar que estos problemas competitivos que está demostrando el Dortmund ante este tipo de rivales techa el potencial inmediato de un equipo al que, es cierto, quizás se le exige más de lo que actualmente puede alcanzar.

Los problemas ante el Leipzig fueron diferentes a los vistos ante Tottenham o Real Madrid, dos rivales que despedazaron su débil transición defensiva saliendo, sobre todo, por las bandas, pero tienen un nexo común: lo mucho que se abre el Dortmund desde el primer pase. El juego que impone Peter Bosz así lo requiere. Los interiores en vez de juntarse con el mediocentro se abren para trazar líneas de pases ambiciosas pero muy riesgosas. Los laterales se incorporan, los extremos verticalizan y, al final, el BVB mete mucho futbolista por delante de línea de balón.

Así la presión posterior funciona mejor, evidentemente. Ya lo vimos en el Ajax. Pero para ello hay que, primero, asentarse arriba y, segundo, lograr que la pérdida sea de calidad. Ante el Wolfsburg o el Koln esto funcionó de maravilla. Pero en Champions no se está cumpliendo lo segundo y, por ende, en su marcador todavía no hay puntos. Y el sábado, ante el equipo de Hasenhüttl, tampoco se consiguió el primer paso.
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El enorme trabajo de Augustin y Poulsen para ensuciar cada pase de los centrales, unido a la posterior y agresiva presión del doble pivote conformado por Kevin Kampl y Naby Keita, impidió hasta el 10vs10 que el conjunto de Bosz controlara el juego. El atasco fue generalizado. Las opciones que ofrecían Gotze y Castro, imposibles de articular. Y al final, además, cada recuperación del RB Leipzig era castigada por un Bruma que siguió el camino de Kane, Cristiano y compañía al señalar la falta de calidad defensiva para el duelo individual que, en esta temporada, está rompiendo al Dortmund.